
La técnica del anticlástico es antigua y moderna, pero sin historia intermedia. En la Edad de Bronce, en Irlanda, un artesano elaboró un “torque de cinta” a partir de una lámina de metal retorcida en una doble hélice.
El anticlástico permite transformar una pieza plana de metal en una forma fluida, dinámica y fuerte. La lámina de metal se trabaja directamente con martillos y estacas sinusoidales (con forma de S).
Las características del metal se transforman. La lámina se modela estirando los bordes y comprimiendo el centro, de manera que la superficie desarrolla dos curvas en direcciones opuestas.
La fuerza y la resistencia que aporta el proceso de conformado hacen posible trabajar con un grosor de metal relativamente fino. Los metales finos tienen un alto nivel de resiliencia, lo que significa que se pueden crear piezas relativamente grandes y ligeras.
El patrón de la lámina desempeña un papel importante en la forma que se conseguirá; a menudo, pueden crearse formas diferentes a partir del mismo patrón.


El sinclástico es la técnica directamente opuesta al anticlástico. Mientras que en las piezas anticlásticas los dos ejes van en direcciones opuestas, en las piezas sinclásticas los ejes van en la misma dirección.
Para que sea más fácil de entender, una forma sinclástica podría contener agua, como un cuenco; en cambio, una forma anticlástica no, como una silla de montar a caballo.